
Desde que voy a Villahermosa, he aprendido a amar ése maravilloso estado que he visto y acompañado en su sufrimiento desde las inundaciones del año pasado. Este fin de semana que fuí, me tocó escuchar el miedo, más bien pánico que padece la población. No nada más por la amenaza de inundaciones otra vez, también por la ola de violencia que han vivido últimamente. He aprendido de esta población, de amigas muy queridas su fuerza para levantarse y continuar. He visto cómo la gente saca sus pocas pertenencias para ponerlas en otro lado más seguro y salvarlas. He visto cómo sube el nivel de los ríos y la mirada de las personas se transforma en inseguridad y miedo. He visto cómo amanece lloviendo y no para en todo el día, he visto una belleza indescriptible en ésa flora y fauna de riqueza ilimitada. He visto cómo corren ardillas e iguanas para protejerse de la lluvia...He visto la fuerza de la naturaleza en belleza y en destrucción y en ambos casos, me invade la impotencia.





